La Spada da lato II. Historia

El desarrollo de la espada medieval caballeresca a la espada ropera es un proceso por el cual se van añadiendo elementos protectivos a la guardia a la vez que se modifica su forma para adecuarse a los cambios sociales y tecnológicos que se dan al final de la edad media y que van a modificar por completo la forma tanto de esgrimir las armas como de hacer la guerra.

Durante la mayor parte de la edad media la única guardia de la espada es una simple cruceta recta o arqueada. Este tipo de defensa es suficiente para el hombre de armas protegido por su armadura, pero para el combate sin armadura uno precisa atacar y defenderse con su espada. En esta época se comienza a colocar el dedo índice sobre el arriaz de la espada para obtener un mejor control de la hoja, pero esto supone un riesgo para el dedo adelantado. Las espadas comienzan a presentar un aro para proteger este dedo, llamado archetto o patilla.

El primer ejemplo que tenemos es la Spadona G12 en la Reale Armería di Torino, de final del siglo XIII o inicios del XIV, y la espada IX-950 llamada Espada del Arsenal de Alejandría en la Royal Armouries de Leeds (UK) inscrita en 1432 pero que se cree fue fabricada al menos 60 años antes, ambas en la imagen.

Paneles de San Vicente de Lisboa (detalle). Nuño Gonçalves. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa, Portugal

Para 1460, en la península ibérica, ya ha desarrollado un archetto también en el arriaz de parada, como muestra la obra del artista portugues Nuño Gonçalves. Es en la decada de 1470 cuando comienza a aparecer representada por pintores italianos.

Respecto a los nombres utilizados, en la literatura española viene mencionada por vez primera la espada ropera en Coplas de la panadera de Juan de Mena (1445/1450) y mas tarde en un inventario de Álvaro de Zúñiga y Guzman (1485).

El siguiente elemento en aparecer en la guardia es el guardamano. Este no es un invento nuevo pues ya se utilizaba en la edad de hierro en armas como la falcata íbera y el kopis griego en el siglo VI a.C. Al parecer estos dos elementos comienzan a ser combinados a mediados del siglo XV en espadas de un solo filo, como puede verse en el retablo de María Magdalena en Klosterneubutg, pintado en 1453. A finales del mismo siglo aparece también en espadas de dos filos, como puede verse en La decapitacion de San Juan Bautista de Juan de Segovia en el museo del prado.

El estribo o ponticello está tambien ya presente en la segunda mitad del siglo XV, como se ve en los tapices que conmemoran la captura de Arzila y Tanger por el Rey Alonso V de Portugal en la Iglesia de Pastrana, de 1471 y probablemente también obra de Nuño Gonçalves. También los pitones o arresti se desarrollan en esta época, prueba de ello son dos espadas muy similares, la Cat. No. 59 en el Instituto Valencia de Don Juan y la G-37 de la Real Armería de Madrid.

Las proyecciones desde el arriaz para protreger el dorso de la mano aparecen primero en forma de nagel en espadas de un único filo a mediados del siglo XV (ver Royal Armouries IX.144). En espadas de dos filos hemos de esperar hasta casi el 1500, como vemos en Portrait of a Man, c. 1480–1500 Cleveland Museum of Art 1963.503

Para la década de 1520 ya se contruyen espadas a dos anillos, como aparece en Pala di Vallombrosa de Andrea del Sarto, 1528, hoy en la galería Uffizi de Florencia. Poco después estos tambien se inclinan para convertirse en ramales y juntandose uno de ellos del brazo de parada al guardamano, añadiendo a la proteccion del dorso de esta, como podemos ver en el retrato de Alfonso I d’Este por Titiano de 1523-5 (Metropolitan museum of art 27.56). En la decada siguiente estos ramales pasan a inclinarse en dirección opuesta uno del otro, dando lugar a las espadas a tres vías, como muestra un retrato de 1540 pintado por Jakob Seisenegger y hoy en el museo de Young de San Francisco.

En 1580 aparecen dos anillos saliendo de las patillas, uno de ellos más inclinado que el otro hacia la mano, la spada a due ponti. Un tercer puente se añade en mitad de estos en torno al 1600.

Según se utiliza más la punta estas protecciones se muestran insuficientes y se les comienzan a añadir unas placas metalicas, generalmente perforadas. No se sabe cuando comienzan a añadirse pero aparecen ya en el retrato de Sir Martin Frobisher de 1577 en la Bodleian Library.

Los posteriores desarrollos darán lugar a lo que hoy llamamos generalmente una ropera y, aunque sean a veces tambien utilizados con hojas más anchas, de infantería o caballería, sale de la época de estudio aquí tratada.